jueves, 13 de junio de 2013

LA VIDA NARRADA

CUENTO:


Tras haber escuchado las explicaciones de la docente sobre el texto narrativo y hacer un ejercicio sobre lo visto, se nos pido escribir un cuento sobre un tema de nuestra elección. El siguiente texto es el resultado de esta solicitud.

MI DULCINEA


Eran las ocho de la noche y yo estaba acostado en la cama. A mi lado reposaba el cuerpo inerte de la dueña de mi corazón; un cuerpo maltratado y sometido a las más oscuras fantasías de los clientes. A diferencia de las demás, esta mujer era agraciada y delicada. Amaba a esa señorita y era la única con la que había querido estar en los últimos meses. Le era fiel en cuerpo y alma y le imploraba que también lo fuera, más ella no escuchaba mis súplicas y cada noche esperaba en la esquina de nuestro primer encuentro. Ella se convirtió en mi obsesión: quería acompañarla a cada instante, conocer cada una de sus actividades diarias, vigilarla como lo haría un detective. Pero cada vez que la hermosa criatura se subía al automóvil de un desconocido, mi corazón se detenía y de mí brotaba un odio profundo por la que amaba con toda mi alma. La odiaba por despreciar mi fidelidad, por no librarse solo a mí, por irse con aquellos hombres que solo la amarían furtivamente. Cada uno de sus movimientos destrozaba mi ser y me llenaba de una intensa locura. Eran las ocho de la noche y ese día había sido el fin de todas mis angustias. Después del encuentro celestial, mi daga había rozado su frágil cuello y le había dado un beso mortal. Aún con su maquillaje corrido seguía emanando su natural esplendor. El puñal permanecía en mi mano y de pronto sentí que se dirigía hacia mí. Un frío agradable viajó por mi cuerpo mientras que un dolor saludable invadía mi pecho. Eran las ocho de la noche y estábamos acostados en la cama, una sonrisa en la cara y toda la eternidad para amar a mi dulcinea.


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